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Se cayó Whatsapp y el mundo siguió funcionando igual

A eso de las 17 horas de la Argentina (GMT -3) se cayó en todo el mundo durante casi tres horas el servicio de mensajería instantánea más utilizado en el planeta. Para muchos fue una “catástrofe” imperdonable que “los dejó aislados” o “incomunicados”. Para otros fue un alivio ante la avalancha incesante y tóxica de estímulos que recibimos dia a día, hora a hora, minuto a minuto, las 24 horas, los 365 dias (¿por el resto de nuestras vidas?).

Como mínimo, el corte de Whatsapp debe llevarnos a reflexionar qué lugar ocupa la tecnología en nuestras vidas y cuál es el ratio beneficio/practicidad/conectividad respeto a los daños que puede producir por su uso no conciente: si somos dependientes de los smarthphones, si nos ponemos ansiosos cuando no nos contestan un whatsapp al instante ( o cuando nosotros queremos) o si, directamente, estamos mirando el telefonito todo el día.

En síntesis, ¿somos adictos a los teléfonos celulares y sus apetitosas funciones que nos “facilitan la vida”?

Nuestros antepasados han vivido sin whatsapp, sin celular, sin microondas ni aires acondicionados.  Sin TV de plasma -sin nada que hoy es considerado “escencial para vivir- y han sido, muchos de ellos, muy felices. Hoy, por su uso no-inconsciente y deliberado, whatsapp -como facebook o twitter- ha creado un ejército de infelices que intercambian twitts un día de semana a las tres y media de la mañana, como pasó en un intercambio que fue público entre el abogado de la ex presidenta argentina y un reconocido periodista de Clarín. 

Cintia Barros, publicista creadora de SUAPME -un nuevo mercado online más consciente y justo- dijo por las redes que este tipo de cosas la ponía contenta, que disfruta esos momentos en que la mente se aquieta porque la ansiedad que genera el celu se apaga, al menos por unas horas. Una sabia apreciación.

Así como el martes hubo un apagón total en la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires -donde todo se aquietó, se calmó por unos minutos- estos pequeños apagones (tarde o temprano suben la palanca porque ya saben, “show must go one”, my friends) también son oportunidades para calmarnos un poquito y ver más allá.

El whattsapp nos facilita la vida, pero también nos la puede hacer mucho más jodida.

Diego Gueler
Diego Gueler

Soy Diego Gueler (38 años), periodista multimedial y co-fundador de Los Despertadores. Me gradué en DeporTEA y la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona). Caminé por las redacciones del diario Olé, Diari de Terrassa, TV3 de Catalunya, Infobae.com y Perfil.com, donde publiqué varias investigaciones de corrupción. También escribí crónicas para las revistas El Gráfico, VIVA de Clarín, La Nación Revista, Crítica y Etiqueta Negra (Perú). Además, soy Maestro en Yoga Hatha-Iyengar (Centro Ananda). Mi propósito: el despertar a través del 'periodismo consciente'.

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