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La información de nuestra vida privada que tienen Facebook, Google o WhatsApp

¿Qué datos personales compartimos en redes sociales? ¿Por qué es tan valiosa para el mercado? Fotos íntimas y gastos de tarjeta de crédito visibles en la web.

Lo correcto es hablar de que nosotros se la damos. Y no que las grandes redes sociales ‘obtienen’ información de nuestras vidas privadas. O mejor dicho, a partir de los datos personales que subimos a Google, Facebook, Twitter, Instagram o WhattsApp, sus robots arman un mapa de perfiles: ‘quiénes somos’ -al menos en el mundo virtual-, cuáles son nuestros gustos o en qué lugares estuvimos, localización por localización, en la última semana, por ejemplo.

El smartphone es, en ese sentido, el gran ‘informante’ de nuestros movimientos a las compañías por las cuales nos comunicamos o compartimos información. Es en el teléfono celular donde se deberían tener más recaudos de seguridad.

Pero mucha información y ‘conclusiones’ que estas máquinas sacan para armar perfiles de consumidores y luego ubicarte en tal o cual target para las campañas comerciales, surgen de nuestro uso más o menos conciente y seguro de las redes sociales, como así nuestro sistema de e-mail.

 

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Qué datos personales poseen las redes sociales. Fuente: TrendLabs

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Un caso específico es cuan abierto está nuestro perfil de Facebook. Limitarlo a los propios “amigos” es algo básico para muchos usuarios, pero no para todos. El filtro en la configuración de la cuenta es clave. Así y todo, Facebook posee nuestras cuentas de correo, fecha de nacimiento, currículum, amigos, gustos, geolocalizaciones (datos que le pasa el smarthpone cada vez que se postea o interactúa), tal vez el número de celular -si se facilita, como los otros datos personales- y, sobretodo, muchísimas fotos y videos privados (los que a la ves indican dónde estuvimos, con quiénes y haciendo qué).

Por eso hay que estar atento sobre qué información compartimos. Porque por más que nos arrepintamos y luego borremos esa foto incómoda, no tenemos la certeza de que es imagen se haya suprimido definitivamente a la base de datos de la red social a la que la subimos. Lo mismo con todos los otros datos. Incluso borrando una cuenta entera, todo el caudal informativo es probable que quede almacenado en alguna parte.

¿Y esto porque podría suceder? ¿Si a mí no me conoce nadie?

Porque si bien hoy seamos un ‘don nadie’ y que solo a nuestros ocho amigos les importen nuestras fotos en el viaje al Caribe, en algún momento podemos ser un ‘don alguien‘ -aunque sea de forma circunstancial- y alguien pueda tener intereses husmear en nuestra vida privada un poco -un deporte popular en la Argentina y el mundo- y entonces aprovechar esa información en nuestra contra, amenazas, chantajes, etc.

 

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La información que más se comparte en las redes sociales. Fuente: Trend Labs.

 

En el caso de Google mail (Gmail), todo lo que escribimos en un correo electrónico es información legalmente protegida. Nadie podría acceder a ella salvo por orden judicial, aunque los servicios secretos o agentes privados con un poco de tecnología pueden leerlos. El historial de nuestros e-mails, así como los documentos que poseemos en Google Drive, queda almacenada en lo que se llama la ‘nube’, una gigantesca memoria virtual. Además del dueño de la cuenta, algún ‘robot’ más también puede verla. O sea, algún ‘ser virtual’ tiene que administrar y almacenar esa información.

¿Alguna vez se preguntó cómo puede ser que al escribir en un e-mail la palabra ‘Cuba’, de súbito, alrededor de la pantalla salgan ofertas de pasajes y hoteles a la isla del Caribe?

Mientras navegamos hay numerosos ojos espías -spywares extranjeros en el peor de los casos- que están todo el tiempo, las 24 horas, guardando nuestra información.

Otra cuestión es que esos datos sean interpretados y lleguen impresos al escritorio de una persona de carne y hueso. Eso ya es un delito, al nivel de ‘pinchar’ un teléfono (práctica habitual de todos los gobiernos latinoamericanos respecto a opositores, periodistas o activistas “peligrosos”). En ese nivel, las redes sociales se cuidan mucho.

A todo esto, el servicio de mensajería instantánea WhatsApp es una aplicación a la cual ingresamos muy pocos datos biográficos o personales, es cierto, pero el historial de conversaciones va trazando una red de contactos, fotos, videos a la cual solo los informáticos especializados conocen cuán protegida esta esa información antes hackers o grandes compañías dispuestas a pagar millones de dólares por obtener bases de datos segmentadas de los ‘empleados robots’.

En el caso de Twitter tampoco se vuelcan mucha información personal, pero sí de contenido, las interacciones, los temas que nos interesan. Y los pajaritos van volando y recolectando toda esta data.

“El mes pasado no gasté nada con la tarjeta”, querida

Hoy no podemos tener idea de cuan valiosa puede ser nuestra información privada en algunos años para empresas, gobiernos o cualquier persona. Y es por eso que esos robots guardan todo. Especialmente para intentar vendernos algo, lo habitual. Pero a veces puede ir más allá.

Existe un gran negocio alrededor de los famosos avisos “deudores incobrables” o de detectives privados en busca de parejas infieles. Ellos se nutren, entre otras cosas, de toda la información que se puede acceder públicamente, que es bastante mayor a lo que creemos. Una parte está en las redes sociales. Otros datos privados -algunos muy sensibles- están más accesibles incluso. Esos rastreadores no necesitan crear perfiles falsos y hacerse “amigo” de nadie.

Por ejemplo, con el CUIT de una persona se pueden conocer deudas y los gastos de tarjeta de crédito de los últimos dos resúmenes y con qué entidad bancaria la realizó. El Banco Central de la República Argentina lo permite ver de forma abierta en este link.

En la Argentina, quien esté con un pie adentro del sistema fiscal también está expuesto a que se pueda saber su domicilio por otras dos vías, al margen de una guía telefónica inteligente. 1) El domicilio fiscal figura en la constancia de inscripción en la AFIP de acceso público -un sitio es Cuitonline- . 2) Del CUIT se puede deducir el DNI y con el DNI, en los días previos a una elección, se puede saber el domicilio del padrón electoral (aunque esto es variable, según cómo la Justicia Electoral lo confeccione), ingresando como si fuéramos el votante para saber dónde vamos a sufragar.

En síntesis, hay mucha información personal a la cual se puede acceder en la web.

Los mayores peligros

Según un informe de Microsoft, tres de cada diez menores de 17 años comparten información privada con desconocidos a través de redes sociales, y cuatro de cada diez se terminan encontrando cara a cara con contactos que eran virtuales. Un llamado de atención para adolescentes y padres.

 

 

Los Despertadores
Los Despertadores

Los Despertadores: Periodismo para dejar de dormir. El primer sitio de información multimedia conciente en la Argentina.

1 Comentarios
  • anonimo

    Hay que vigilar mucho lo que se sube en las redes sociales. No es lo mismo subir un viaje a la nieve (donde estas totalmente vestido) que un día en la playa y en el que estas en bañador y cualquiera puede hacerse con ella.. De todos modos, mis fotos personales las tengo en una carpeta privada que solo pueden ver mis contactos y cada cierto tiempo la vacío. Es muy peligroso exponerse así en una red social.. Y estas son muy útiles cuando se usan con sentido común.

    15/02/2017 19:07 Responder

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